Con fe y esperanza concluye Semana Santa en Bahía de Banderas

Por Eugenio Ortiz Carreño/Bahía de Banderas

Tras el viernes santo y sábado de silencio, finalmente llegó el domingo de resurrección y en las parroquias se celebró con alegría la resurrección de Jesús.

Tras las representaciones y procesiones del pasado viernes, el sábado fue de silencio total para acompañar a la Virgen María en su dolor de ver a su único hijo colgado y muerto en la cruz Sacrificado como víctima propiciatoria por los pecados de todo el mundo.

Así se revivió la pasión que culminó el día que cambió la historia de la humanidad para siempre y que puede cambiar las vidas de todas y cada una de las personas. Gracias a Jesucristo, la muerte no ganó. El dolor no es eterno, y el fracaso no es el final.

Por eso en las iglesias se escuchó una y otra vez el canto de “resucitó, resucitó, aleluya”, lo que señala que cuando se abraza una verdad se tiene acceso al poder mismo de Dios obrando en la vida de toda la humanidad. “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”, no son simples palabras sino una promesa del mismo Dios a sus creaturas.

En los templos y en los actos callejeros, los predicadores bordaron sobre la importancia de la Semana Santa, culmen de la cuaresma, durante la cual se vive la esencia de la doctrina católica pues cada día santo tiene sentido y propósito. Lunes, martes y miércoles son de ayuno y acompañamiento a Jesús y a María.

El jueves no hay misa, se trata del rezo de la Liturgia de las Horas según el antiguo breviario romano, pero que en Semana Santa en vez de rezarse en la hora del día correspondiente se anticipan a la víspera por la tarde, para no interferir en los oficios solemnes de estos días.

Al caer la noche se hacen las “tinieblas”. De ahí su nombre. Este oficio presenta casi todas las características de un funeral: salmos, antífonas y responsorios lúgubres y lamentables, ningún himno, ninguna “doxología”; tonos severos y sin acompañamiento de ningún instrumento musical.

El viernes el viacrucis y el sábado el silencio total acompañando a la Madre Dolorosa, y por la tarde la misa de vigilia pascual, durante la cual se hace el lucernario, en el que se bendice el fuego nuevo, el agua bendita y se renueva el bautismo de todos los fieles cristianos católicos.

VEAN EL LUGAR EN DONDE LE PUSIERON

Carlos Erazo, un predicador católico hace ver un detalle peculiar sobre la resurrección, basado en el evangelio de Mateo, donde se relata que domingo por la mañana María Magdalena y la otra María fueron a visitar la tumba de Jesús y al llegar encuentran a un Ángel que quita la piedra y se sienta sobre ella.

El ángel les dice a las mujeres que buscan a Jesús: “vengan y vean el lugar donde lo pusieron”, es decir donde habían puesto el cuerpo de Jesús. Básicamente las invita a entrar a la tumba, y que vean que el cuerpo de Jesús ya no está ahí, pero en el trasfondo de la lectura, hay una lección, porque el evangelio dice que Jesús fue sepultado en una tumba de ricos, pero el punto es porqué el ángel tuvo que remover la piedra. De hecho, no era necesario quitar la piedra para que Jesús pudiera salir, ya que en el evangelio de Juan se relata que Jesús atraviesa una puerta que está cerrada y entra a una habitación donde están sus discípulos reunidos, y les pide pan porque tiene hambre.

Pero además al entrar a la tumba se podía constatar que los lienzos y la mortaja estaban ahí doblados. Eso indica que Jesús no tuvo necesidad de romperlas o quitarlas, sino que traspasó las vendas y eso indica que la piedra no fue quitada para que Jesús pudiera salir, o Jesús no quitó la piedra, sino que fue el ángel el que la retiró. Y lo hizo para que los discípulos, entre ellos las mujeres, pudieran entrar.

El razonamiento del predicador agrega que Jesús pudo salir de esa o de otras formas, pero lo hizo así para que los creyentes pudieran recibir la invitación que recibió María Magdalena y la otra María de parte del ángel, que dice “vengan y vean el lugar donde le pusieron”. Como dando a entender que ellas mismas pueden comprobar que ya no está y que ha resucitado. Y es que la tumba donde fue puesto el cuerpo de Jesús está vacía y sigue vacía. Concluye que si la tumba de Jesús está vacía nada es imposible para Dios.

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