Por Miguel Ángel Ocaña Reyes/Puerto Vallarta
Federico León de la Vega y Lagos partió este 16 de junio de 2026, rodeado del cariño de su familia, dejando tras de sí una obra artística y humana imposible de separar de la historia reciente de Bahía de Banderas y Puerto Vallarta.
Nacido en la Ciudad de México en 1952, Federico fue diseñador industrial egresado de la Universidad Iberoamericana y obtuvo una maestría en Auburn University. Sin embargo, él mismo eligió definirse por aquello que daba sentido a su existencia: artista plástico y escritor por convicción.
Sus obras fueron exhibidas en galerías de Ciudad de México, Nueva York, Miami y San Diego, pero fue en esta región del Pacífico mexicano donde encontró su hogar y la causa que abrazaría hasta el final de sus días: la defensa del medio ambiente y la promoción de la cultura.
Desde su llegada a Bahía de Banderas libró numerosas batallas en favor de la conservación de los ecosistemas. Fue miembro fundador de Alianza de la Costa Verde y del colectivo Natura Nayarit, participando activamente en movimientos ciudadanos para proteger áreas naturales amenazadas por el desarrollo urbano.
En el año 2000 abrió las puertas de Estudio-Café, en Nuevo Vallarta, un espacio único que conjugaba galería, restaurante y casa cultural. Allí organizó tertulias, exposiciones, conciertos navideños y encuentros bohemios; impulsó a artistas emergentes y ofreció a la comunidad de Bahía de Banderas un sitio para compartir ideas y emociones. El restaurante se convirtió además en uno de los favoritos de la comunidad extranjera y obtuvo un reconocimiento de la AAA por su calidad y hospitalidad.
Federico también encontró en la palabra escrita otra forma de creación. Durante años publicó su columna Aventuras de un Pintor en Vallarta Opina, desde donde abordó temas sociales, ambientales y culturales con mirada crítica, pero siempre propositiva y esperanzadora.
Fue fundador del programa radiofónico De Genios, Poetas y Locos, primero como conductor y después como colaborador semanal. En los últimos años deseaba compartir a través de la radio su fe y sus reflexiones sobre la condición humana, convencido de que la comunicación podía sembrar esperanza.
En una nueva etapa creativa incursionó en el arte conceptual con la colección Escribe a mano, una invitación a rescatar la singularidad humana frente a la creciente dependencia tecnológica. Defendía la escritura manual como un acto de identidad y advertía que la tecnología podía acercar a quienes están lejos, pero alejar a quienes tenemos cerca.
Generoso con su comunidad, donó parte de su obra al Centro Universitario de la Costa y al Museo de Arte Peter Gray, colaboró como maestro universitario y participó como martillero en numerosas subastas con fines altruistas.
Hoy se despide un artista extraordinario, pero permanece el legado de un hombre que hizo del arte una herramienta de conciencia, de la cultura un punto de encuentro y de la esperanza una forma de resistencia. Federico León de la Vega y Lagos deja pinceles silenciosos, pero una voz que seguirá resonando en cada lucha por la naturaleza, en cada espacio dedicado al arte y en cada persona que se atreva a imaginar un mundo mejor.












