Por Eugenio Ortiz Carreño/Bahía de Banderas
Bucerías recupera la tranquilidad. Vuelve a ser el pueblo de pescadores y ostioneros que era. Hasta los comerciantes de artesanías recuperaron la amabilidad y ofertan lo mismo playeras del torneo de fútbol, que copias de la copa “Jules Rimet” de plástico, hasta con popote para los sedientos en estos días de calor canicular.
Aunque Bucerías no se libra del fuerte crecimiento en población a consecuencia del auge inmobiliario, con la construcción de numerosas torres y edificios de condominios desde la zona de Playas de Huanacaxtle a la pomposamente llamada Zona Rosa donde también comerciantes y artesanos registran una notoria baja en la actividad comercial.
Durante un recorrido realizado pudimos constatar la baja afluencia de turismo internacional, y la llegada de pocos camiones fletados de la zona del Bajío, pues son más los connacionales que extranjeros que pasean por el lugar.
De hecho, la playa está sola, los restaurantes igual y las mesas del Adriano’s en la playa están sin gente todas y el propietario de “El Gordo”, se sentó a un lado de la banqueta mostrando su voluminoso vientre ante la falta de clientes.
Así se constata al ver las placas de los autos que se encuentran estacionados a un costado de la avenida Héroes de Nacozari y las aledañas a la plaza pública, donde si bien se nota la presencia de unos pocos “pájaros de nieve” turistas canadienses y estadounidenses que acuden al destino para pasar al menos seis meses en la región, son más los turistas nacionales que los extranjeros.
Como se sabe, en la calle adyacente de la escuela primaria y lo que fueran oficinas ejidales, hay el mercado con locales de herrería y pisos de cemento, a un costado de la plaza, cuyos locales lucen completamente vacíos de clientes, por ello locatarios como David Uriostegui, refiere que “para diciembre se me vence el contrato de arrendamiento que tenemos en un local frente a la zona de restaurantes y bares, por ello les pedí a mis familiares, me regresaran el espacio que les tenía prestado aquí”.
Y explicó que “supongo que el dueño del local, hará un incremento en la renta, pero si no me ajusta para pagarlo, le dejaré el local y por ello empezaremos de nuevo a vender aquí en el mercado, mi esposa estará aquí y yo me quedó hasta el último de Diciembre allá”.
Ante la pregunta expresa de cómo van las ventas señaló “están muy bajas, no hay mucho turista, ya se acabó la temporada buena; hay algunos turistas extranjeros y más nacionales; pero estos últimos ya no compran como antes. Se les daba por llevar recuerdos, como llaveros, playeras y hasta juguetes y ahora el gasto es más moderado”.
Justo en el local de al lado, el trabajador se afana en sacudir la mercancía y trata de dejar limpio el lugar, otros locales de plano se mantienen cerrados, porque no hay movimiento.
Aunque algunos optaron por ofrecer mercancía acorde al Mundial de Futbol 2026, con playeras, balones y pequeños trofeos alusivos al deporte, comerciantes consideran que no “fue una buena idea, porque no hay gente”.
Los pasillos lucen vacíos, se observa una pareja de extranjeros, así como a más jóvenes de nacionalidad mexicana, quienes recorren el lugar, sin llevar nada de compra, únicamente preguntan por precios de bolsas u otros artículos, dan las gracias y prosiguen su camino, aunque los vendedores son excesivamente amables.
Los restaurantes también están solos, a excepción de los que se encuentran en la avenida de ingreso a la comunidad de Bucerías, los cuales son pequeñas fondas de comida corrida que buscan hasta los taxistas del lugar para almorzar o comer, esto debido a que los precios son un poco más accesibles.
El área de playa, donde se rentan sombrillas y pequeñas palapas luce también vacía, y esto remata con pequeños grupos de visitantes que buscan hacerse una foto del recuerdo en las letras de Bucerías donde se encuentra la escultura del buzo, lo que también llaman “malecón”.
En resumen, Bucerías da un aspecto inusual y hasta señoras de las colonias populares que caminan en el centro se dan tiempo para criticar las obras del templo de Nuestra Señora Reina de la Paz, porque no hay turismo para atender.












