Por Eugenio Ortiz Carreño/Bahía de Banderas
La tala de toda la superficie que comprende 1.3 hectáreas, del lugar conocido como Tatei Haramara en el puerto de San Blas, ha despertado la preocupación de los pueblos originarios como son la nación wixarika, nayeri, odam y mexica, por lo que se convocó a una reunión con calidad de urgente, de la mesa que agrupa las estructuras organizativas de los pueblos originarios mencionados.
Rubén López de la Cruz, vicepresidente de la Unión Wixárika Centros ceremoniales de Durango, Jalisco y Nayarit, convocó a todas las estructuras a una reunión urgente en virtud del ecocidio y atentado al patrimonio cultural originario y ancestral, en el sitio conocido como “la isla”, por los hechos que calificó como “lamentables” en contra del patrimonio reconocido en decreto presidencial a nombre de los pueblos originarios.
Es importante puntualizar que Tatei Haramara tiene título de propiedad y deben tener el documento o si no es así, pueden solicitar ante Sedatu la reposición, a nombre de las autoridades de los gobiernos tradicionales de los pueblos originarios y deben interponer una demanda en contra de quien resulte responsable por el atentado del lugar.
PUEBLOS SORPRENDIDOS
La semana pasada, representantes de pueblos originarios se vieron sorprendidos al encontrar que la “isla” apareció totalmente desmontada, la vegetación talada, pese a que está debidamente cercada.
Sin embargo, esa superficie ha sido objeto de las ambiciones de gente desconocida, e incluso durante la administración del anterior gobernador, Roberto Sandoval Castañeda, se anunció un desarrollo habitacional o turístico.
En ese sitio, los pueblos originarios realizan las ceremonias para pedir abundantes lluvias para que no falte el maíz y el venado.
Según relata Juan de Dios Lomelí, amplio conocedor de las tradiciones y costumbres de esos pueblos, los wixárikas hacen anualmente su peregrinación y van a Aramara. Ellos empiezan su peregrinación por la Sierra Madre Occidental, donde hay huicholes en Durango, en Nayarit, en Jalisco, más o menos ahí se distribuyen.
Antes peregrinaban a pie y ahora se van en carro a Wirikuta Real de 14, al Cerro Quemado, pero luego regresan a San Blas, indistintamente, aunque no hayan ido a Wirikuta Real del 14, el cerro quemado, donde vive el “Jícuri” el peyote, donde nace el sol: llevan sus ofrendas para pedirle a “Damara”, la diosa del mar, que siga produciendo nubes, para que lleve la lluvia a la sierra, para que crezca el maíz y para que viva el venado. Ese es el significado de ellos.
Añade Juan de Dios que para ellos Nakahue es la mujer anciana, la madre de todos los dioses, y es uno de los pocos pueblos que en sus tradiciones registran una inundación similar al diluvio universal que sorprendió incluso a los franciscanos y jesuitas cuando la conocieron registrándose así el sincretismo religioso que todavía sobrevive.
Tatei Haramara es en última instancia uno de los sitios sagrados más importantes de la cultura de los pueblos originarios y de ahí la preocupación de las autoridades y representantes, porque tumbaron toda la vegetación que existía y que se había respetado durante décadas o siglos.
Además, se alejó a la fauna propia del lugar, lo cual se considera también un atentado.












