Por Miguel Ángel Ocaña Reyes/Puerto Vallarta
Hay personas que caminan por la vida dejando una huella tan profunda que ni el silencio de la ausencia puede borrarla. María Fernanda Arreola Bracamontes era una de esas almas elegidas para construir puentes, para levantar a quienes caían y para demostrar, con cada acto, que el liderazgo verdadero no se impone: se entrega.
Abogada de formación, maestra en derecho empresarial y especialista en marcas, Marifer —como la llamaban con cariño quienes tuvieron el privilegio de conocerla— bien pudo haberse quedado en la comodidad de su despacho. Pero su espíritu inquieto y su vocación de servicio la llevaron mucho más allá. Originaria de Guadalajara, fue en Puerto Vallarta donde encontró su causa: el impulso incansable por el desarrollo de la mujer y la integración de todos los sectores de la sociedad.
Al frente de la CANACO Vallarta en dos ocasiones, y como Vicepresidenta de Inclusión de CONCANACO Servytur México, María Fernanda no solo administró una cámara empresarial: la transformó en un hogar para el emprendimiento con rostro humano. Supo, como pocas, que el desarrollo económico no puede desligarse del desarrollo personal. Por eso creó una empresa de rentas vacacionales no como un fin, sino como un medio para estar cerca de la gente, para escuchar, para tender manos.
Pero si hay un terreno donde su legado crece como selva viva, es en el empoderamiento femenino. Desde la presidencia de Mujeres Empresarias de la Cámara de Comercio de Puerto Vallarta, entendió que el principal obstáculo de las emprendedoras no era solo la falta de crédito o de capacitación, sino el miedo. El miedo a no ser tomadas en serio, a romper el molde de “la señora que hace la galletita”. Y frente a eso, ella respondió con una hermandad: “Te abrazamos y te ayudamos a que emprendas”, solía decir con esa mezcla de firmeza y calidez que la caracterizaba.
Su enfoque no fue nunca excluyente. Impulsó plataformas como “Por Amor a México”, abanderó la digitalización empresarial y tendió puentes con autoridades para mejorar la infraestructura y la competitividad. Pero siempre con una brújula clara: el crecimiento equitativo y sostenido para toda la región, sin dejar a nadie atrás. Porque sabía que el verdadero desarrollo es el que integra, no el que divide.
El testimonio del compañero de ruta
Quien mejor retrata esa dualidad entre el carácter indomable y la ternura generosa es Carlos Elizondo, su compañero en el consejo de CANACO, hoy consejero y ayer amigo. Con la voz entrecortada por el asombro de una partida tan repentina, comparte:
“Ayer en la mañana hablamos. Había sufrido una trombosis, pero se le escuchaba muy clara, entusiasmada. En la noche se colapsó, sus pulmones se llenaron de agua y ya no pudo soportarlo. Fue demasiado rápido, difícil de digerir. María Fernanda, en los años que estuvimos en CANACO —ella como presidenta, yo como consejero—, trabajó muy fuerte. Le tocó la pandemia, luchó contra la adversidad personal y empresarial. Siempre con carácter, pero en lo personal, buscando apoyar a quien necesitara de ella. Diferenciaba perfectamente el negocio, la empresa, lo institucional de lo personal. Recién tomó protesta de nuevo como presidenta; preparábamos un plan financiero importante. Los consejeros estamos dolidos, golpeados emocionalmente. Pero ella fue una persona que, cuando se le acercaban a pedir apoyo, buscaba un lado humano fuerte, de carácter, pero también sensible. Puerto Vallarta ha perdido a una empresaria que sabía hacer presencia. No nos queda más que honrar su imagen, su trabajo, y seguir desarrollando lo que ella dejó”.
Gracias, eternas gracias
Hoy, mientras el sol se pone sobre la bahía que ella tanto amó, en cada pequeño negocio que una mujer se atrevió a abrir gracias a su impulso, en cada cámara de comercio que levantó la mirada hacia un futuro más inclusivo, en cada joven que no se rinde porque escuchó su ejemplo, María Fernanda Arreola Bracamontes sigue viva.
Su ausencia pesa, duele, se siente en cada rincón. Pero su legado es más fuerte que la muerte. Porque enseñó que el liderazgo se construye con carácter, trabajo constante y la valentía de tomar decisiones. Y que nunca, nunca, debemos rendirnos.
Descanse en paz.












