Por Eugenio Ortiz Carreño/Bahía de Banderas
A pesar de que San Blas es el puerto con mayor historia en el pacífico y que compite con Acapulco en importancia comercial con Filipinas, los mismos nayaritas desconocen esa parte de la historia y la mayoría se conforma con saber que de ahí partieron los exploradores que fundaron las misiones en lo que hoy es la alta California.
Incluso en el mismo puerto los habitantes solo muestran a los visitantes, dos construcciones coloniales, uno es la antigua contaduría cerca del puerto y la aduana, una edificación colonial en ruinas, levantada en un promontorio o cerro llamado San Basilio, de unos 100 metros de altura, con paredes y arcos levantados de lo que pretendió ser un templo católico, pero cuya obra se suspendió, porque un potente rayo cayó sobre él y derrumbó parte del techo.
Sin embargo, el cerro tiene mucha más historia, ya que la edificación se levantó para salvaguardar el puerto de los constantes ataques de piratas y como centro administrativo para la recaudación de impuestos de los barcos que llegaban de distintas partes del mundo. Incluso durante la Independencia el cerro de la Contaduría sirvió como fuerte militar. El cura José María Mercado se instaló allí para dirigir las estrategias de liberación, nombrado Comandante en Jefe por Miguel Hidalgo.
Tras la derrota de Hidalgo, la fortaleza fue escenario de batallas contra realistas y posteriormente durante la invasión estadounidense de 1847. Actualmente, el edificio es un museo comunitario que exhibe la historia, piezas arqueológicas y restos de barcos antiguos, así como cañones de la época. Es un sitio turístico destacado, famoso por su vista panorámica y por estar cerca de la iglesia de “La Marinera”.
Incluso hay historiadores y académicos como Pedro Luna Jiménez que muestran preocupación por el olvido en que ha caído la historia del Puerto de San Blas y es que los mismos pobladores de ese municipio no muestran interés por rescatar hechos tan relevantes como el comercio que durante siglos se hizo desde ese puerto hacia varias partes del mundo.
Turísticamente la mayoría de visitantes se enfila hacia las playas de Aticama, Los Cocos y Santa Cruz de Miramar, y el puerto como tal es poco atractivo, y la causa es bien conocida: los intolerables jejenes y mosquitos que se levantan de los humedales al atardecer y alejan a cualquier visitante bien intencionado.
Pese a contar con una marina para embarcaciones privadas y atractivos tan impresionantes como el parque de la Tovara y su canal entre manglares, San Blas es desdeñado hasta por los tepicenses que viajan al municipio, pero se quedan en Aticama.












