Por Miguel Ángel Ocaña Reyes/Puerto Vallarta
El club de playa de ICON Vallarta se vistió de gala y solidaridad durante la tradicional comida anual del exclusivo desarrollo, que en esta edición transformó su carácter social en una noble causa: recaudar fondos para la Casa Hogar Máximo Cornejo.
Poco más de 150 comensales, entre residentes de temporada invernal y turistas —procedentes principalmente de Canadá y Estados Unidos—, respondieron con entusiasmo a la convocatoria, demostrando que la generosidad no entiende de nacionalidades ni fronteras.
El evento, amenizado por una cálida atmósfera de confraternidad, tuvo como eje central una subasta con causa que mantuvo a los asistentes participando activamente. Plumas levantadas, sonrisas cómplices y la generosidad desbordada permitieron sumar recursos que serán destinados íntegramente al bienestar, educación y desarrollo integral de las niñas que forman parte de esta institución vallartense.
Pero sin duda, el momento que robó corazones fue la presentación de danza hawaiana a cargo de las pequeñas beneficiarias de la Casa Hogar. Ataviadas con faldas de fibras naturales y flores en el cabello, las niñas ofrecieron un cuadro dancístico que arrancó lágrimas de emoción y cerrados aplausos de los asistentes. La ternura de sus movimientos y la alegría desbordada en sus rostros fueron el mejor testimonio del impacto transformador que este tipo de apoyos genera en sus vidas.
El encuentro no solo permitió sumar recursos para una noble causa, sino que fortaleció los lazos entre la comunidad local y quienes eligen a Puerto Vallarta como su hogar temporal o destino vacacional. Una vez más, la calidez vallartense y la solidaridad internacional se dieron la mano en un evento que confirma que, cuando se trata de ayudar a la niñez, no existen distancias geográficas.
Directivos de Casa Hogar Máximo Cornejo expresaron su profundo agradecimiento a los organizadores de ICON Vallarta, patrocinadores y asistentes por hacer posible esta iniciativa altruista que, más allá de los recursos recaudados, envió un mensaje poderoso a las pequeñas: no están solas, y hay una comunidad entera, local y extranjera, dispuesta a creer en su futuro.
La tarde concluyó con la satisfacción del deber cumplido y la promesa tácita de repetir la experiencia el próximo año, en lo que promete convertirse en una tradición solidaria que trasciende modas y temporadas.













