Punta de Mita, de emporio agrícola a emporio turístico

Por Eugenio Ortiz Carreño/Bahía de Banderas

Nueve capítulos ha dedicado el maestro Eduardo Gómez Encarnación a desentrañar la historia de la zona de Punta de Mita y ha puesto en evidencia que esta zona del municipio de Bahía de Banderas ha sido tierra de promisión, desde la época prehispánica hasta la actualidad.

Además de los relatos de sucesos extraordinarios, el historiador nativo de Ixtapa se concentra en la relevancia económica, destacando en dos ramas productivas: el aprovechamiento del coquito de aceite, y la ganadería. Es importante precisar que el coquito de aceite se aprovechaba en toda la costa de Nayarit y Jalisco, brindando empleo y sustento económico a cientos de familias.

El maestro Gómez Encarnación refiere que el aceite fue utilizado para la fábrica de jabón y como combustible en lámparas de alumbrado. Desde Punta de Mita a la Peñita, la tierra pertenecía en ese entonces a la hacienda de La Peñita o Jaltemba, donde en forma natural crecían los palapares de coco.

En las primeras décadas del siglo pasado se establecieron las primeras familias y el lugar fue bautizado como La Higuera Blanca. El nombre deriva del árbol de amate, al que los españoles llamaron higuera, por su fruto muy parecido al higo de Castilla.

En tiempos de la hacienda, el peón recibía 10 centavos por kilogramo de almendra limpia, ganando un salario que variaba entre uno a tres pesos diarios. Se sabe que el coco era enviado a Mazatán, Nayarit, donde hubo siete molinos para extraer el aceite y se elaboraba pastura para engorda de cerdo; era también comprado por negociaciones de Compostela, Tepic y Guadalajara.

Después del reparto ejidal de 1937, los palapares pasaron a manos de los ejidatarios, pero la vida en estos lugares cambió poco. El coco se siguió explotando con mozos ahora llamados “acomodados” y recibían un salario de 20 centavos por kilogramos de almendra limpia. Durante la segunda Guerra Mundial, se incrementó la demanda de coco que era llevado principalmente a Compostela.

Un fuerte comprador de esa época, fue don Fernando Flores Haro, representante del Molino de Oleaginosas de esa ciudad. La “coqueada” se hacía con jornaleros que llegaban de distintos lugares. En Sayulita y Lo de Marcos, en octubre se juntaba el coco de los palapares y en noviembre comenzaba a quebrarse. Pero en La Higuera, donde todo fue palapar cerrado, se vivía propiamente en los palapares, donde se juntaba y se quebraba el coco seco, La explotación del coquito de aceite prácticamente desapareció en los años sesenta, excepto en la Higuera Blanca, que fuera la población más apartada de la región.

GANADERÍA

A través de entrevistas a viejos habitantes y de referencias históricas, el historiador refiere que en Punta de Mita había mucho pasto de llano; y era grandísimo y ahí pastaba mucho ganado y remudas, había mucha remuda que no se sabía ni de quién era; burros… Había muchos burros, manadas de burros sin dueño, libres pero briosos. “Nombre… qué ibas a agarrar uno. Tenías que corretearlos a caballo.

Había casa de la hacienda: un almacén grande, de tejas, cercado de rejas; nomás era hacienda ganadera. Yo estuve de becerrero en la ordeña esa; yo tenía 13 años cuando estuve de becerrero allá”. (Entrevista a Bonifacio Peña/Eduardo Gómez Encarnación, abril de 2010).

“En punta de mita había mucho ganado de doña Inés, de puerto Vallarta. Ya en la tarde apartábamos y en la mañana ordeñábamos; mucha leche que había. Doña Inés nos decía que agarráramos para ordeñar. Doña Inés tenía ganado; todo el ganado lo tenía ahí. Lo cuidaba un vaquero y había un corral de pura piedra.

Ahí encerrábamos los becerros. La señora, buena gente nos decía: “ustedes agarren, encierren becerros y ordeñen; hacíamos queso panela, pero muchísima leche sacábamos.

Los chiveros eran Salvador Ambriz, pero los chivos tenían unos perros que los cuidaban. Los perros, para hacerse chiveros, les dan leche de chiva y les dan que mamen de la chiva… entonces ya después nomás andan detrás de la mancha de chivos y no dejan a nadie que se arrime”. (Entrevista a Aurelio Guerrero/Eduardo Gómez Encarnación, marzo de 2015).

Se sembraba maíz de temporal y hubo años en que se cultivaron sandía y pepino. Esa es la historia de una zona que hoy luce grandes hoteles y desarrollos inmobiliarios de lujo para el turismo.

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