Indiferencia oficial amenaza con extinguir a la tortuga casquito de Vallarta

Por Miguel Ángel Ocaña Reyes/Puerto Vallarta

El tiempo se agota para la tortuga casquito (Kinosternon vogti), la más pequeña del mundo y una especie que solo habita en los humedales de la bahía de Banderas.

La alerta la lanza Indira Berroterán, coordinadora de desarrollo institucional de la asociación Estudiantes Conservando la Naturaleza, quien desde la laguna Tomasa hace un llamado urgente a las autoridades y a la sociedad: si no se actúa de inmediato, en menos de tres años este emblema natural de Puerto Vallarta podría desaparecer en vida silvestre.

El escenario es desolador. Lo que a simple vista parece un hermoso manto verde sobre el agua es, en realidad, una amenaza letal. Se trata de la “lechuga de agua”, una planta invasora que se ha apoderado de la laguna, robando el oxígeno del agua y haciendo inviable la vida para las especies que ahí habitan.

Esto le quita oxígeno a la laguna y no permite que pueda haber vida saludable para las distintas especies que están allí.

Pero el peligro no termina en el ecosistema acuático; la obstrucción de los drenajes por esta planta, ante la llegada de las lluvias, podría desencadenar inundaciones en las zonas aledañas.

ECOSISTEMA EN RIESGO

La situación es crítica porque la laguna Tomasa no es cualquier cuerpo de agua. Es uno de los últimos refugios de la tortuga casquito, una especie endémica descubierta apenas en 2018 y que ya se encuentra en peligro crítico de extinción, con una población silvestre estimada en menos de 500 ejemplares y un hábitat remanente inferior a 20 hectáreas. Pero no solo la tortuga está en peligro; aquí conviven también aves, iguanas y cocodrilos, cuyo equilibrio se ve amenazado por la degradación del entorno.

Berroterán enfatiza que la lucha por la conservación no puede ser invasiva ni improvisada. “Hay que tener una planeación y un cuidado de cómo trabajar aquí”, señala, debido a la presencia de la tortuga casquito y de cocodrilos que, aunque no monitoreados oficialmente, habitan la zona.

Por eso, el llamado es claro: Semarnat y el gobierno municipal, deben colaborar para llevar a cabo un saneamiento planificado que no dañe a la fauna local.

YA NO PUEDE ESPERAR

La coordinadora de Estudiantes Conservando la Naturaleza no oculta su frustración ante la lentitud de las respuestas oficiales.

“Hemos denunciado muchas veces que nos queda muy poco tiempo”, afirma contundente. “Nos quedan 3 años a lo mucho para salvar a la tortuga casquito en vida silvestre. Pero si no tiene un lugar digno donde vivir o donde poder reproducirse, entonces, ¿de qué sirven todos los esfuerzos?”.

La llegada de la temporada de lluvias es un factor clave. Con ella, las tortugas emergerán de su estado de estivación (enterradas para sobrevivir a la sequía) para reproducirse, momento en el que se vuelven más vulnerables. Si no se han tomado acciones para sanear su hábitat, cualquier esfuerzo por combatir el saqueo o el tráfico ilegal será en vano, pues no habrá un entorno sano al que regresar.

La organización ha reiterado que este no es un problema que se resuelva de la noche a la mañana, y que la indiferencia institucional solo acelera el conteo regresivo para la especie. “Sanear esta laguna no va a ser de la noche a la mañana y aquí necesitamos que todos realmente se comprometan a este trabajo”, concluye Berroterán.

Hoy, la laguna Tomasa es un espejo de la crisis ambiental que enfrenta Puerto Vallarta. El futuro de la tortuga casquito, y de la salud ecológica de la región, depende de que las autoridades y la ciudadanía atiendan este grito de auxilio antes de que sea demasiado tarde.

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