Por Eugenio Ortiz Carreño/Bahía de Banderas
Nada distingue al Centro Médico Nacional de Occidente de otros centros hospitalarios en el país o en el extranjero. Es normal el ir y venir de médicos y enfermeras, así como el entrar y salir de personas con expedientes bajo el brazo, acompañados de un hijo, o hijos acompañados de su Padre o su Madre e incluso enfermos que se mueven solos de un área a otra.
Así se ve la gran explanada desde el acceso de la calle Belisario Domínguez, con la enorme torre enfrente. Pero quien busca acceder por las calles Sierra Morena, luego de pasar la revisión de seguridad, se encuentra con algo inesperado. Un árbol de laurel o ficus cuyo tronco y jardinera han sido totalmente cubiertos con imágenes religiosas católicos.
El área localizada a la izquierda de la entrada de urgencias del hospital es ocupada por algunos enfermos y sus familiares que comentan su diagnóstico, pero también personas solitarias que con cara de preocupación miran los “santitos” como le llaman.
Ahí sobre la tierra seca de la jardinera y sobre las raíces y el tronco hay imágenes de la virgen de Los Lagos, la virgen de Zapopan, desde luego, pero también de Nuestra Señora del Rosario de Talpa, así como cruces y Cristos; varias imágenes “de bulto” de San Judas Tadeo y su característica flama sobre la cabeza.
Pero también del Niño Dios y el Santo Niño de Atocha, de la Virgen de Guadalupe hay muchas, fotos del Papa Juan Pablo II, así como de la Virgen de Fátima, de Jesús de la Divina Misericordia, de Jesús resucitado, incluso de San Francisco de Asia cargando un corderito. En suma, es un pedazo de cielo aquí en la tierra.
MENSAJES Y CARTAS
Pero no solo hay imágenes, también hay mensajes y cartas escritas a la carrera en medio de la desesperación en trozos de papel que apenas se pueden leer. Una de ellas reza: “gracias Diosito por ser tan bueno conmigo, tu eres quien está curando a mi hija Bibi Vega. Diosito tu sabes que yo te amo y te respeto mucho. Diosito te amo mucho y te pido con todo el corazón, con toda la fe que salga bien mi hija Bibi Vega. Tu que eres mi Dios te amo mi Dios”.
“Quiero pedirles con todo mi corazón por la salud de mi hermana Viridiana Ruiz Vega porque salga bien de la operación de su pelvis. Te estamos llamando, escúchanos, tomamos de la mano, miramos a los ojos, te pido que la sabes, que pronto vuelva a ser la niña ocurrente y alegre que es, mi Santo Niño Doctor. Que tus manos sean las que atiendan a mi hermanita. En tus manos dejamos todo Padre. Te amo Padre Jesús. Te amo hermanita”.
Junto a las cartas hay sentidas oraciones impresas dirigidas a Santa Anita y a la Virgen y a Jesús, junto con velas, algunas todavía encendidas y otras agotadas de la parafina apagadas.
La gente con gestos compungidos mira las imágenes otros como que no creen y miran para otro lado, pero sin dejar su cara de preocupación. El personal médico parece ya estar acostumbrado a esas muestras de fe y pasan sin reparar en los sentimientos de la gente, que aquí, bajo ese árbol encuentra consuelo y esperanza en una o en todas las imágenes de vírgenes y Santos.












