Por Eugenio Ortiz Carreño/Bahía de Banderas
Si algo caracterizó a Miguel Ángel Mateos fue el ser siempre un auténtico promotor turístico de Bucerías y en general de toda la región. Hasta el último momento que su salud le permitió caminar en la plaza y hablar con los turistas que recorrían el centro del pueblo, el buscaba acercarse a ellos e invitarlos a tomar refresco a su establecimiento ubicado precisamente ahí, frente a la plaza de Bucerías.
Se preocupaba porque estuviera limpia y en orden, y realmente sufría cuando veía cómo aguas negras pasaban por pequeñas zanjas, a un lado de las jardineras. Sufría también porque estuviera limpia y pedía al personal de sus negocios que levantaran papeles o limpiarán la basura que otros dejaban.
Pero también se preocupaba por la ecología y por eso con sus propios recursos, montó un corral de incubación para huevos de tortugas, que se recogían en la playa del centro de Bucerías. Durante años rodeó un espacio de arena justo donde hoy se encuentra el pequeño malecón y ahí funcionó hasta que el lugar fue invadido.
Como si eso fuera poco, cada año el último día de abril, que se celebra el Día del Niño, llevaba un festival en la plaza de Bucerías para todos los niños del pueblo y entregaba regalos, desde bicicletas hasta tabletas y demás, incluso hacía presentaciones de mimos y payasos para divertir a los pequeños.
Miguel Ángel fue un hombre de trabajo toda su vida, desde que se inició como colaborador en un restaurante de Puerto Vallarta y al establecer su negocio no dejó de serlo sino al contrario, intensificó su actividad promocional abordando a los turistas canadienses, americanos o nacionales que caminaban en la plaza o frente a la iglesia e incluso en el mercado de artesanías, para invitarles un refresco en su establecimiento.
UNA CONFESIÓN
Algo de lo que poco hablaba Miguel Ángel Mateos, era de sus orígenes humildes en el Estado de Chiapas, donde creció en condiciones realmente de pobreza extrema.
En entrevista con Nayarit Opina llegó a reconocer que el de niño había crecido desnudo, como crecían los niños lacandones o mayas en Chiapas, pero lo que nunca le había faltado fue comida porque corría al río para conseguir un pez cuando sentía hambre.
No logró alcanzar estudios profesionales importantes, pero al viajar a la Ciudad de México y posteriormente a Puerto Vallarta, supo aprovechar las oportunidades que se le presentaron para salir adelante, con trabajo y esfuerzo.
Entre sus últimas actividades se encuentra el ser promotor de la construcción del nuevo templo de Bucerías junto con otros restauranteros importantes de la comunidad y en coordinación con el Padre Saúl y de acuerdo a las necesidades de la iglesia, será un centro comunitario que ofrecerá diversos servicios a los feligreses.
Descanse en paz.












