Por Miguel Ángel Ocaña Reyes/Puerto Vallarta
Puerto Vallarta se vistió de colores, música y tradición este fin de semana, y lo hizo con esa calidez que solo esta ciudad sabe ofrecer. Entre el aroma del cempasúchil, el brillo de las velas en los altares y la alegría contagiosa de los niños disfrazados, la celebración del Día de Muertos se consolidó una vez más como una de las festividades más queridas y concurridas de la perla del Pacífico mexicano.
El sincretismo cultural fue el protagonista indiscutible: Halloween y la tradición mexicana se entrelazaron en un abrazo festivo donde no faltaron los pequeños pidiendo su “calaverita”, ataviados como personajes del ánime, el cine y la televisión, mientras la Catrina de José Guadalupe Posadas —en sus más creativas y sorprendentes manifestaciones— recordaba a propios y extraños la riqueza de una herencia que se niega a morir.
UN MALECÓN QUE RESPIRA FIESTA
Desde el parque Hidalgo hasta los Arcos, el recorrido se convirtió en un verdadero espectáculo a cielo abierto. Familias, jóvenes, adultos mayores y niños se desbordaron por el malecón, donde los disfraces fueron el denominador común de una convivencia que unió a vallartenses y turistas nacionales y extranjeros en un ambiente lleno de color, música y manifestaciones culturales.
Lo que más emocionó fue ver a muchos visitantes extranjeros sumarse con entusiasmo a la celebración: entregando dulces a los niños, admirando el folclor mexicano con genuina curiosidad y retratándose junto a las catrinas. Ese intercambio cultural, esa mezcla de asombro y alegría, es la prueba viva de que Puerto Vallarta no solo es un destino de playa, sino un lugar donde la tradición se comparte con el corazón abierto.
En el parque Hidalgo, una atractiva exhibición de pinturas de diversos estilos recibió a los paseantes, con artistas trabajando en vivo para deleite del público. La calavera de ballena de tamaño casi natural se convirtió en la favorita de las familias para las fotos del recuerdo. Más adelante, la calle Pípila sorprendió con una verbena popular organizada por la Galería Art Walk Studio & Gallery, donde el Grupo Vallarta Azteca, el pianista Salvatore y otros artistas compartieron su música y canto, acompañados de una romería de antojitos que conquistó paladares.
LA MAGIA DE LAS CATRINAS
Casi llegando al “Caballito”, la caminata se transformó en pura magia: alrededor de 50 catrinas deslumbraron con su originalidad, mientras el público las admiraba, comparaba y se retrataba con ellas. La Catrina Monumental, aunque este año perdió su Récord Guinness ante la creada en la Ciudad de México, siguió siendo el centro de todas las miradas y el corazón de todas las selfies. Porque para el público que acude a admirarla, lo importante no es el récord, sino la emoción de compartir un símbolo que nos identifica como mexicanos.
ALTARES, MÚSICA Y DEVOCIÓN
La siguiente parada fue la presidencia municipal y la plaza de Armas, donde los tradicionales altares compitieron en belleza y originalidad. El quiosco, adornado con especial devoción, ofreció una imagen magnífica mientras los músicos compartían sus notas con un público que bailaba al ritmo de la celebración.
UNA TRADICIÓN MÁS FUERTE QUE NUNCA
De algunos años a la fecha, el Día de Muertos se ha convertido en una de las celebraciones más divertidas de Puerto Vallarta, a la altura de las fiestas patrias, las guadalupanas y el Año Nuevo. Y no es para menos: esta ciudad, no obstante las situaciones que vive, siempre está abierta y contenta para recibir a todos los visitantes.
Vivir el Día de Muertos en Puerto Vallarta se está convirtiendo verdaderamente en el motivo para visitar esta ciudad. Es una invitación abierta a la comunidad —local y extranjera— a integrarse a una tradición que se encuentra más fuerte que nunca, que abraza a todos sin distinción y que demuestra que, en esta tierra, la muerte se celebra con vida, con alegría y con el corazón lleno de color.
En 2026, el Día de Muertos está para vivirse, disfrutarse y recordarse. Y Puerto Vallarta lo sabe hacer como pocos.













