Por Eugenio Ortiz Carreño/Puerto Vallarta
La Constitución garantiza la libertad de expresión y por lo tanto se debe respetar la labor de los youtubers e influencers, aunque difundan temas que no beneficien a la comunidad, afirmó el ex rector del Centro Universitario de la Costa (CUC), Jeffry Steven Fernández, al opinar sobre la excesiva exposición de los cocodrilos en Puerto Vallarta y Bahía de Banderas.
Puntualizó que “la misma Constitución de México garantiza la libre expresión de las ideas y por eso cualquier persona, en cualquier plataforma, puede difundir lo que sea, siempre y cuando no sea ofensivo hacia o no invada la privacidad de otra persona, o no afecte la integridad de otra persona, o no ofenda a otra persona”.
Dijo que no hay forma de controlar eso y cada quien es libre también de consumir la información que quiera, “entonces, yo creo que el problema de este asunto de los reptiles que andan por ahí, no tiene tanto que ver con él, sino más bien de cómo resolver o controlar la población existente”.
“El punto es buscar la forma de resolver el problema y su difusión es una cuestión secundaria, aunque se considere que es exagerada. En apariencia se daña la imagen del destino, como dicen algunos. Sí, pero se daña más por lo que ha ocurrido”.
Agregó que “en realidad no hay forma de coartar esa libertad que tenemos cada uno de nosotros como ciudadanos”.
PRIMER COCODRILARIO
Y se refirió al antecedente de cuando fue rector del CUC y dio inicio al cocodrilario porque en aquellos momentos los biólogos planteaban que estaba en peligro la población de cocodrilos debido a que había muy pocos ejemplares. De esa realidad se decidió invertir en un cocodrilario número uno, para conservar esta especie.
Ahí se juntaron los pocos que había y además el espacio se adaptó para que fuera un lugar educativo y de integración, para que la población los conociera y los pudiera ver de una forma segura.
O sea, el diseño del cocodrilario estaba de tal manera que se les podía observar a los animales en su hábitat, porque las bardas tenían una altura de dos metros con cincuenta o tres metros con un cristal inclinado, de manera que el reptil estaba seguro y para los niños había partes donde había completamente cristal.
Era un cristal muy grueso, donde no había forma de que corrieran algún tipo de peligro y en ese entonces fue esa idea y se inició un programa de repoblación de los cocodrilos, debido a que existía el reporte que existía un número muy reducido de ejemplares, incluso los biólogos iban, recolectaban los huevos y los incubaban ahí, en el cocodrilario, y cuando el animal llegaba a cierto tamaño se volvía a soltar en su hábitat.
“Llegamos a tener un número considerable y todo estaba muy controlado, muy planeado, pero yo dejé de ser rector y luego me enteré que -en un momento dado- no sé quién autorizó o de quién fue la ocurrencia de soltar todos los animales y el cocodrilario se quedó sin ejemplares”.
“Y yo les pregunté a los biólogos: pero ¿por qué? Si había un proyecto, si había una idea, ¿por qué sueltan a todos los ejemplares y ahora aquí ni siquiera hay que ver? Y me contaron así, de una manera muy franca: Es que esos animales no pertenecen a este lugar, están en cautiverio, deben estar en libertad”.
Ahora la población está creciendo mucho, y también está creciendo la población de habitantes.
“Yo me fui de rector en el año 2004, luego me fui a Guadalajara, ya pasaron 22 años y la naturaleza hizo su aportación, mas no sé qué otros factores habrán influido. Y ahora ya es otra dimensión, es otra, otra situación muy diferente”.












